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Tom Wolfe, considerado por muchos como el padre del Nuevo Periodismo, ha fallecido esta semana a los 87 años de edad.

El polémico y extravagante periodista y escritor Tom Wolfe ha fallecido a los 87 años de edad en Nueva York a causa de una neumonía. Wolfe es considerado el padre o creador del Nuevo Periodismo, una corriente que alude a la ruptura con el formalismo de las noticias (objetividad) mediante la introducción de elementos literarios y que es estudiada en las facultades de periodismo de todo el mundo.

Su legado, tal y como recogen en el diario El Mundo, es un “periodismo de crítica cultural marcado por la subjetividad, el histrionismo y la pirotecnia que, sin embargo, nunca utilizó como excusa para inventarse o embellecer sus relatos, al contrario que otros ídolos de las redacciones de su misma generación y estilo”.

Lo cierto es que Tom Wolfe innovó en sus artículos, reportajes y, por supuesto, en sus libros, algunos de ellos convertidos en verdaderos best-seller como La hoguera de las vanidades. Una innovación que se caracterizó por su capacidad de provocación, por la aparición de elementos impresionistas, onomatopeyas, elementos de ficción, el abundante uso de signos de puntuación y de mayúsculas y la presencia del narrador en el propio relato.

Hijo del director de una revista agrícola, Tom Wolfe vivió el periodismo desde pequeño. Sus primeros pasos en la profesión los dio en The Washington Post. A comienzos de la década de los 60 y ya instalado en su Nueva York empezó a trabajar en The Herald Tribune.

Según cuenta uno de sus discípulos en la revista Vanity Fair, Michael Lewis, fue la necesidad -se quedó sin trabajo tras una huelga- lo que le hizo vestir un único traje (blanco) durante todo el año que más tarde se convertiría en una de sus principales señas de identidad. Pero además fue esta situación la que le llevó a fichar por la revista Esquire, donde nacería el Nuevo Periodismo y, para muchos, un antes y un después en la forma de escribir y hablar en EEUU.

Uno de sus artículos más famosos fue un reportaje sobre el boxeador Joe Louis, en el que demostró que se podían contar las cosas (noticias) de otra forma. Un nuevo estilo que fue puliendo hasta que, en 1987, llega su obra maestra “la hoguera de las vanidades”. Una obra, según contaba el propio Wolfe en una entrevista con ABC, que fue “fruto de la casualidad”. “Todo fue un accidente” -explicaba en 2013-. Cuando el reportero le preguntaba más por ello afirmaba: “La gente acusa a los escritores de no ficción de no atreverse a cruzar la gran meta, que es la de la novela, así que me dije: ¡vamos a probarlo! Tuvo un éxito tan inesperado y gané tanto dinero que me dije ¡¡¡¡¡¡Diossssss, tengo que volver a hacer esto OTRA VEZ!!!!!!!!!!”.

PD: Si las palabras eran de Wolf, le habrían gustado más escritas así.