Insustituibles: el periodismo que el Rey reivindicó frente al ruido y la desinformación
Felipe VI presidió en Casa de América la 43.ª edición de los Premios Internacionales Rey de España de Periodismo, un palmarés que distingue a quienes informan desde la guerra, el desastre y la frontera. Entre los galardonados, la Agencia EFE y una fotografía publicada en El País.
Hay una palabra que resume el discurso que Felipe VI pronunció este lunes en la Casa de América de Madrid: «insustituible». En plena aceleración tecnológica, cuando la inteligencia artificial promete generar textos e imágenes a una velocidad inalcanzable para cualquier redacción, el Rey reivindicó precisamente lo contrario, que nunca ha sido tan necesario el juicio humano. Afirmó que «la revolución tecnológica ha hecho más patente la necesidad» de escuchar, contrastar e interpretar los hechos, «y es ahí donde el trabajo de los periodistas es insustituible».
El monarca entregó así la 43.ª edición de los Premios Internacionales Rey de España de Periodismo, los galardones que desde 1983 conceden la Agencia EFE y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) para reconocer la excelencia del periodismo en español y portugués. Felipe VI definió esos premios como el reconocimiento a una manera de ejercer la profesión basada en el rigor, la independencia y el servicio a los ciudadanos. Y advirtió de una paradoja que define nuestro tiempo. Nunca hubo tanto acceso a tanta información, pero «la abundancia no siempre trae claridad» y a veces solo añade nuevas capas de complejidad. Frente a ese ruido, situó al periodismo como la herramienta que forma criterio, fortalece el espíritu crítico y permite a los ciudadanos ejercer plenamente su libertad.
El palmarés de este año fue un retrato de esa función en sus condiciones más exigentes, la guerra, el desastre natural, la migración y el autoritarismo. Y dejó un motivo de satisfacción especial para esta asociación. El Premio EFE distinguió la labor del equipo de la Agencia EFE en Jerusalén, que cubre desde hace décadas el conflicto en Oriente Próximo. La delegada de EFE en Jerusalén, María Traspaderne, recogió el premio en representación de todo el equipo. El presidente de la agencia, Miguel Ángel Oliver, subrayó el altísimo precio que el periodismo internacional ha pagado por informar de esa guerra, un precio «insoportable; inadmisible». Y reivindicó a los profesionales de la agencia como los «agricultores de la información», los que, día tras día, siembran el dato verificado que sostiene el conocimiento público. La distinción a EFE recuerda algo esencial, que detrás de cada despacho de agencia hay periodistas que trabajan, a menudo en peligro, para que el resto del sistema informativo pueda funcionar.
El Premio de Fotografía recayó en Óscar Corral, por una imagen publicada en El País sobre la labor de los equipos de rescate durante la dana que arrasó la huerta sur valenciana en octubre de 2024. La fotografía condensa lo que las estadísticas no alcanzan, el esfuerzo humano frente a la catástrofe. Es, además, una prueba del valor insustituible del testimonio visual riguroso en un momento en el que las imágenes sintéticas inundan las pantallas y erosionan la confianza en lo que vemos.
El resto del palmarés trazó un mapa de la excelencia iberoamericana. El Premio de Cooperación Internacional y Acción Humanitaria reconoció al equipo de investigación de El Universal (México) por documentar el drama de los migrantes que mueren intentando cruzar la frontera. En la categoría Medioambiental, el galardón fue para la revista portuguesa Divergente, por su trabajo sobre los incendios. La organización brasileña de verificación Aos Fatos se llevó el galardón al Medio de Comunicación de Iberoamérica, en un nuevo reconocimiento a la batalla contra la desinformación. Y el Premio Cultural distinguió a la hondureña Contracultura, una revista que ha dado el salto al papel precisamente «en tiempos de la inteligencia artificial» y en un país difícil para ejercer el oficio, toda una declaración sobre la vigencia del periodismo cultural impreso.
El hilo que unió a todos ellos lo formuló el propio Rey al describir los trabajos premiados como recorridos por las «zonas de frontera» de la existencia humana y la vida en sociedad. Frente a la desinformación, el periodismo contrapone evidencias; frente a la indiferencia, recuerda que detrás de cada noticia hay «personas concretas, con nombres, rostros y circunstancias que merecen ser comprendidas». No es un adorno retórico, es la definición más precisa de lo que distingue al periodismo profesional de cualquier sucedáneo automatizado.
Desde AMI celebramos esta edición de los Premios Internacionales Rey de España de Periodismo y, muy especialmente, el reconocimiento a la Agencia EFE y a una fotografía publicada en El País, dos cabeceras asociadas que encarnan los valores que el acto puso en valor. Compartimos sin reservas el mensaje que recorrió la ceremonia. En la era de los algoritmos y la información ilimitada, lo verdaderamente escaso, y por ello más valioso, es el periodismo que verifica, contrasta y se compromete con la verdad. Defenderlo, y reclamar las condiciones para que pueda seguir ejerciéndose con independencia y rigor, es la tarea a la que esta asociación seguirá dedicada. Porque, como recordó el Rey, esa labor es, sencillamente, insustituible.