Comienza la 'Era Trump'. Los medios ante la nueva etapa

Trump y los medios de comunicación: Les ha declarado abiertamente la guerra. Les ha llamado deshonestos y farsantes. Y ha sembrado sobre ellos la duda de la veracidad. La relación entre el nuevo presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y los medios de comunicación no ha empezado con buen pie.

¿Cuáles son las causas? ¿Qué consecuencias tiene si se mantiene a lo largo de toda la legislatura? ¿Son los medios meras víctimas o también los culpables? La prensa americana está viendo en esta ‘Era Trump’ una oportunidad para centrarse en elaborar un periodismo de calidad, en pleno tiempo de la posverdad, y el público está reaccionando positivamente. El reto más grande por delante: defender la libertad de expresión. Trump y los medios de comunicación.

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Desde el inicio de su campaña, sus relaciones con la prensa han sido difíciles. La tensión aumentó tras su decisión de excluir al diario The Washington Post de sus mítines. En multitud de ocasiones Trump se queja de que “los medios mienten” y les acusa de publicar “noticias falsas”.

A la inversa, muchos piensan que ha sido crucial el papel de los medios de comunicación en el ascenso del candidato hasta la Presidencia, dedicándole más tiempo que a su rival Hillary Clinton. Precisamente haciéndose eco de sus declaraciones escandalosas y del trato brutal que dispensaba a sus oponentes, los medios dieron una importante cobertura gratuita a su campaña. Sin embargo, los ataques verbales de Trump contra la prensa están erosionando en algunos casos su propia credibilidad, creando confusión en el ciudadano. Esta nueva forma de comunicación de la Casa Blanca presenta todo un reto para los periodistas. En juego hay mucho. Desde la defensa de la libertad de expresión, hasta salvaguardar la reputación de los propios medios.

Trump y los medios de comunicación: vetos y acusaciones

Donald Trump se empeña en culpar a los periodistas cada vez que alguna información le salpica. Así lo hizo cuando The Wall Street Journal, uno de los diarios que habían sido más favorables a Trump hasta el momento, publicó el 16 de febrero que los servicios de espionaje de EEUU no le dan toda la información que poseen por temor a que pueda caer en manos de Rusia. Unos días antes, su Consejero de Seguridad Nacional, Michael Flynn, tuvo que dimitir por sus vínculos con Moscú. Y Trump centró su rueda de prensa en echar la culpa de todos sus problemas a los medios de comunicación. “Lo hace así porque enfrentarse con la prensa le dio votos, y quiere mantenerlos”, asegura el periodista Vicente Vallés, autor de ‘Trump y la caída del Imperio Clinton’ (La Esfera de los Libros) una obra clave para enteren la relación entre Trump y los medios de comunicación.

Para Vallés, Trump alimenta “la desconfianza que ya existe en un “sector de la sociedad que odia a los medios. Cuando un dato no le gusta, lo cuestiona, y acusa al medio que lo publica de manipular la información”. Históricos medios de EE.UU. como The Washington Post, The New York Times, Político, Los Ángeles Times y la cadena CNN, entre otros, han sufrido ya el veto de la Administración Trump. Se les excluye de actos o incluso se les impide preguntar en las ruedas de prensa.

La Administración Trump “no son los primeros que utilizan y propagan falsedades ni declaran y libran una guerra contra los medios que consideran no afines”, explica Idoya Noain, corresponsal de El Periódico de Catalunya en Nueva York. “La nueva relación entre Trump y los medios de comunicación es indudablemente más tensa”, dice Noain, y no solo por los “ataques directos” o por la “campaña de desprestigio dirigida a medios y periodistas”, sino por hechos como los vetos que, según la periodista, “han hecho saltar las alarmas”.

Un nuevo modelo de comunicación: menos periodistas y más influencers

Donald Trump no es amigo de ofrecer ruedas de prensa. Someterse a las preguntas de los periodistas es algo que ha hecho en muy contadas ocasiones desde su llegada a la Casa Blanca y cuando ha sido así, no ha estado exento de polémica. La política de comunicación de esta nueva ‘Era Trump’ deja de lado a los medios tradicionales, con los que el presidente no se siente a gusto, para abrazar las nuevas formas de comunicación. De hecho, el equipo de comunicación de Trump ha sugerido que en la próxima legislatura sacará a los periodistas de “las cómodas esquinas de la sala de prensa de la Casa Blanca” para sustituirlos por influencers. Presentadores de televisión, radio o blogueros que, hasta ahora no tienen opción de asistir a las ruedas de prensa presidenciales. Romper el esquema de comunicación tradicional presidente-prensa.

Y no solo eso. El lenguaje utilizado por Trump durante la campaña y que en muchas ocasiones sigue usando ya como presidente, dista mucho de lo visto hasta ahora por un mandatario de EE.UU. Según el periodista Vicente Vallés, “Trump es un experto en marketing. Tiene una gran habilidad para llamar la atención, lo sabe, y lo aprovecha. Eso funciona a su favor en algunas cosas, pero también tiene sus costes, y lo notará con el paso del tiempo”.

Gobernar a golpe de tuit

El presidente de los Estados Unidos ha convertido su cuenta de Twitter en su principal aliado para gobernar el país. Es ahí donde se siente libre para decir lo que piensa y donde responde a los medios o periodistas que hablan sobre él en la prensa. Según él, “se defiende” de los ataques de los medios. Pero, ¿deben tomarse estos tuits como declaraciones oficiales o sólo pretenden generar ruido?

Para la corresponsal Idoya Noain “es imposible despreciar u obviar la actividad del presidente en Twitter dado que es su herramienta favorita de comunicación, pero es vital no replicar directa e inmediatamente todo lo que dice en la red social o darle categoría de noticia, sino valorarlo como se haría con cualquier otro tipo de declaración”. ¿Cuáles de sus mensajes deben convertirse en noticia? Esa es la pregunta que debemos hacernos según Noain.

Los expertos en comunicación aseguran que Trump utiliza Twitter para tratar de desviar la atención o para testar a la opinión pública sobre algún tema. Quiere mantener una imagen de espontaneidad y autenticidad, al mismo tiempo que hace ver que no necesita a los medios de comunicación de masas para llegar a su público. No necesita ruedas de prensa o comunicados oficiales. Se basta con Twitter.

Tuits en los que Trump lanza acusaciones sin pruebas sobre temas que generan incertidumbre entre la ciudadanía. Por ejemplo, el sábado 4 de marzo de 2016, el presidente apuntaba en su cuenta de Twitter que la administración Obama había colocado micrófonos en su centro de operaciones, la Trump Tower, durante la campaña electoral, y comparaba el caso con el Watergate.

A través de sus tuits marca la agenda, pero también deja rastro de contradicciones y cambios de opinión. Él mismo lo define como una forma de defenderse de lo que considera acusaciones falsas contra él. “No estoy diciendo que me encante, pero difunde el mensaje”, dijo sobre su red social favorita a la CBS en su primera entrevista como presidente electo. “Cuando me das un mal artículo o un artículo que no es verídico”, argumentó, “tengo una forma de contraatacar”.

Para el secretario de prensa de la Casa Blanca, Sean Spicer, el uso del presidente Trump de las redes sociales “será algo que no se haya visto antes”. “Tiene este canal directo con el pueblo estadounidense”, afirmó, “y creo que eso le permite añadir un elemento de conversación que nunca ha ocurrido. Puede difundir sus pensamientos y oír lo que ellos piensan”.

Según Vicente Vallés, “Trump hace lo que otros muchos políticos (aunque en su caso, llevado al extremo): comunicarse con sus electores sin la intermediación de los periodistas. Es legítimo. Su problema es que la facilidad con la que se dicen tonterías en Twitter le ha llevado a equivocarse más de una vez, y eso es peligroso para un presidente”.

El propio The New York Times ha recopilado todos los insultos que Trump ha proferido en Twitter desde que se postulara a la Casa Blanca y el resultado es llamativo. Cerca de 300 personas, lugares u organizaciones han sido objeto de ellos.

Trump y los medios de comunicación: la búsqueda de la verdad

“Dejaremos a Trump en evidencia cada vez que mienta”. Esa es la postura del Director de The Washington Post, Martin Baron, y la de muchos otros históricos medios estadounidenses que ven en esta ‘Era Trump’ una oportunidad para reivindicar el valor de una profesión que no pasa por sus mejores momentos en plena digitalización y en tiempo de la posverdad.

Fue precisamente The Washington Post quien destapó durante la campaña electoral un vídeo de Donald Trump realizando comentarios machistas y groseros. Algo que les supuso un veto a los mítines.

“No estamos en una guerra contra Trump”, ha recalcado en numerosas ocasiones el director del Post, solo “tratamos de cubrirlo informativamente”. De tener “una relación normal” con el Gobierno del país. Una relación que él mismo ve difícil. Martin Baron defiende cómo, ante el desafío de Trump, en The Washington Post no han hecho otra cosa que hacer su trabajo con más ahínco si cabe.

Para ello, y según contaba Baron el pasado 25 de enero en una visita a nuestro país invitado por la Universidad de Navarra, han redoblado su maquinaria periodística de ‘fact check’, es decir, comprobación de la veracidad de los mensajes de la mano de un profesional antes de difundirlos. El diario ha incorporado más reporteros para seguir a la Administración Trump, ha aumentado la cobertura en todo el país -no sólo en la capital- y ha formado un equipo de investigación rápida: ocho periodistas en busca de la verdad que el poder esconde.

Y no es el único. “La verdad es difícil. Difícil de encontrar. Difícil de conocer. La verdad es más importante ahora que nunca”. Este es el mensaje del diario The New York Times en un anuncio publicitario de 30 segundos que se estrenó durante uno de los programas más vistos del planeta, la gala de los Oscar. Con su primera publicidad en televisión en diez años, el diario neoyorkino respondía a los ataques sufridos por Trump desde el inicio de su campaña. No sólo les ha llamado “fracasado NYT” en uno de sus tuits, sino que fue sonada la burla que profirió sobre uno de sus reporteros con discapacidad física.

Y ahí está la clave de la relación entre Trump y los medios de comunicación. La respuesta que la mayoría de los medios están dando a los ataques del inquilino del Despacho Oval. La verdad como arma para defenderse, la verdad como medio para desmontar los argumentos de un presidente que no duda en contradecirse o utilizar el ataque directo en lugar de dar las explicaciones propias de un presidente.

Para el periodista Vicente Vallés, se trata de poner de nuevo de actualidad “aquella frase bíblica de que ‘la verdad os hará libres’”. En su opinión, “la respuesta de los medios tiene que ser la de siempre: hacer más y mejor periodismo, contar las noticias, ser firmes en nuestra determinación de que la libertad de prensa siga siendo un pilar determinante de las sociedades democráticas. Y así está siendo”.

Y así lo viven los periodistas que trabajan en Estados Unidos. Para la corresponsal Idoya Noain, “la declarada guerra a algunos medios por parte del presidente y otros miembros de su Administración, refuerza la obligación de actuar con más profesionalidad que nunca, si cabe”. En su opinión, la forma que tiene la Administración Trump de atacar a aquellos medios que no son afines es “más descarada, desacomplejada y abierta que otros que le han precedido”. Esto “presenta un claro reto”, dice Noain, “pero también una oportunidad”. La periodista destaca la facilidad para identificar y probar “las falsedades” que difunden. “Estamos obligados a estar extremadamente atentos a los intentos de manipulación y a identificar y evitar la desinformación disfrazada de noticias”, asevera.

Como relata la corresponsal, en el día a día del periodismo político en Estados Unidos “se palpa una determinación entre los periodistas y responsables de medios estadounidenses de elevar la calidad de su trabajo”. Todos, según Noain, son “conscientes de la importancia de una prensa libre, independiente y de calidad ante una Administración con escaso respeto por su trascendental papel democrático”.

La respuesta del público al ‘Efecto Trump’

El ‘Efecto Trump’ no deja indiferente a nadie. Durante la investidura, la audiencia de la cadena CNN se duplicó y el diario The New York Times sumó durante los últimos meses de campaña centenares de miles de nuevos suscriptores. Ante los ataques de Donald Trump con el objetivo de desacreditar a los grandes medios estadounidenses, éstos responden con calidad en la información y búsqueda de la verdad, y eso el público lo agradece.

Así lo demuestran los datos. Según publicó la Agencia France Press, en la semana de la investidura de Trump, la audiencia de CNN aumentó un 94%. Unos días antes, Trump había acusado al medio de difundir “informaciones falsas”. Por su parte, The New York Times, sumó 300.000 nuevos abonados entre finales de septiembre y finales de diciembre, un aumento del 19% en sólo tres meses. Y así una larga lista. El incremento de audiencia llega a muchos medios estadounidenses.

Según el director de The Washington Post, Martin Baron, este aumento de audiencia y de suscriptores se ha debido al “respaldo del público” a los medios que han sido “cuestionados por el poder”. Una demostración de que el lector responde al oficio bien hecho.

Para el periodista Vicente Vallés, es la respuesta de “los ciudadanos que todavía aprecian el valor de la información. Y hay muchos. Por eso suben las audiencias de las cadenas de noticias y el número de suscripciones de los periódicos en Estados Unidos”.

Los medios de comunicación tienen por tanto claro que el desafío que supone el nuevo modelo de comunicación de la Casa Blanca, que huye de lo tradicional, y un presidente que en nada se parece a lo que ha habido hasta ahora en el país; no deben ser más que un acicate para seguir trabajando. El reto abarca desde la defensa de la libertad de expresión, hasta la salvaguarda de su propia reputación, que en ocasiones se ve salpicada de acusaciones que, aun siendo difíciles de sostener, siembran la duda en el público. Como dice Vallés, “en estas circunstancias es aún más necesario el buen periodismo”.