El gobierno de Países Bajos ha logrado lo que muchas redacciones en Europa llevan tiempo reclamando: un modelo de inteligencia artificial público que respete los derechos de autor. Frente a las grandes tecnológicas que entrenan sus modelos con contenidos extraídos sin permiso, el Estado neerlandés ha alcanzado un acuerdo inédito con más de 30 medios de comunicación para entrenar su propia IA, GPT-NL, solo con textos autorizados y con retribución a sus autores.
La diferencia es de fondo y de forma. Mientras ChatGPT (OpenAI) o Gemini (Google) extraen información masivamente de la red sin que nadie les haya dado permiso, el modelo holandés plantea otro camino: uno basado en la legalidad, la transparencia y el respeto a quienes generan los contenidos. Los archivos de medios como ANP o varios diarios regionales formarán parte del entrenamiento del modelo, siempre bajo estrictas condiciones: sin reproducción literal, con los derechos preservados y con contraprestación económica si el modelo se utiliza con fines comerciales.
GPT-NL cuenta con financiación pública —más de 13 millones de euros— y se está desarrollando desde 2023 bajo el liderazgo de un consorcio formado por la organización de investigación TNO, la red académica SURF y el Instituto Forense Nacional. El objetivo es claro: ofrecer una alternativa europea frente al dominio tecnológico de Estados Unidos y China, y hacerlo desde una base ética, lingüística y cultural propia.
En palabras sencillas: que la inteligencia artificial no se construya a costa del periodismo. Que los modelos no nazcan sobre millones de textos robados a la prensa sin pagar ni citar a nadie.
Al frente de esta estrategia está Dick Schoof, primer ministro en funciones, independiente y con un perfil técnico, que ha impulsado con decisión políticas de digitalización y ciberseguridad. Su apuesta por una IA soberana ha convertido a Países Bajos en referencia europea en esta materia.
España también está desarrollando su propio modelo, ALIA. Pero aún no ha aclarado si lo hará con contenidos autorizados ni si prevé compensaciones a los creadores. El movimiento holandés eleva el estándar y fuerza a los demás a responder: ¿qué modelo de IA queremos en Europa? ¿Uno que proteja la democracia y la cultura o uno que la devore?
Porque cada día, millones de personas consultan asistentes digitales que toman decisiones y generan respuestas con datos cuyo origen desconocen. La cuestión ya no es solo tecnológica. Es política. Es ética. Y afecta al corazón de nuestras democracias.
GPT-NL aún no está disponible al público general. En su primera fase, solo podrán usarlo empresas e instituciones públicas. El consorcio ha explicado que esta limitación responde a la necesidad de asegurar una compensación justa para los medios implicados y garantizar la sostenibilidad del sistema. El acceso abierto, defienden, llegará más adelante.
El mensaje es claro: la IA del futuro debe construirse con reglas. Y los medios deben formar parte de ellas.
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