La Comisión Europea ha abierto una evaluación formal para determinar si el chatbot de OpenAI supera el umbral que activa las obligaciones más exigentes del Reglamento de Servicios Digitales. Con 120 millones de usuarios activos al mes en la UE —el triple del límite legal—, la pregunta ya no es si ChatGPT es grande. La pregunta es qué consecuencias tiene serlo.
ChatGPT no es solo un asistente de escritura. Para un número creciente de usuarios, es la puerta de entrada a la información: el lugar donde se busca, se pregunta y se decide qué es relevante. Esa transformación tiene implicaciones regulatorias que Bruselas ya no puede ignorar.
La Comisión Europea ha abierto una evaluación formal para determinar si ChatGPT debe ser clasificado como motor de búsqueda en línea de gran tamaño (VLOSE, por sus siglas en inglés) a efectos del Reglamento de Servicios Digitales (DSA). El detonante ha sido la publicación por parte de OpenAI de sus propios datos de usuarios en la UE. Según estas cifras, ChatGPT Search registró una media de 120,4 millones de destinatarios activos mensuales durante el semestre cerrado en septiembre de 2025. El umbral que activa el régimen más estricto del DSA está fijado en 45 millones. ChatGPT casi lo triplica.
El portavoz de la Comisión, Thomas Regnier, confirmó que los servicios comunitarios están analizando la información y que los modelos de lenguaje de gran escala pueden, en principio, quedar dentro del ámbito del DSA, aunque la determinación definitiva requiere un análisis caso por caso. OpenAI, según el diario alemán Handelsblatt —que adelantó la noticia citando fuentes cercanas al proceso—, declinó hacer comentarios.
Si la Comisión confirma la clasificación, ChatGPT quedaría sometido a las mismas obligaciones que ya rigen para Google Search (364 millones de usuarios activos mensuales en la UE) o Bing (119 millones). Con 120,4 millones, el chatbot de OpenAI se sitúa en el rango de Bing y ha alcanzado la escala suficiente para que Bruselas pueda exigir una mayor gobernanza.
Desde la designación como VLOSE, el servicio dispondría de cuatro meses para cumplir un paquete que incluye auditorías independientes, apertura de algoritmos al regulador, gestión de riesgos sistémicos —desinformación, protección de menores, procesos electorales— y estándares elevados de transparencia. En caso de incumplimiento, las sanciones alcanzan el 6 % de la facturación mundial anual y el 5 % del volumen de negocio diario medio por cada jornada de retraso.
No es un marco diseñado para empresas pequeñas. Es el marco que la UE reserva para quienes tienen el poder de dar forma a lo que millones de personas leen, ven y creen.
Europa tiene capacidad demostrada para fijar estándares globales. El ejemplo más claro es el Reglamento General de Protección de Datos (GDPR), en vigor desde 2018, que obligó a cualquier empresa que tratase datos de ciudadanos europeos a cumplir requisitos estrictos de consentimiento y seguridad, con multas de hasta el 4 % de la facturación global.
Pensado para la UE, acabó moldeando legislaciones de decenas de países. Si el DSA se aplica con rigor a los grandes modelos de IA, el efecto podría ser comparable.
Para los medios, la designación de ChatGPT como plataforma de gran tamaño no sería solo una cuestión de transparencia algorítmica. Si el DSA se aplica, OpenAI estaría obligada a rendir cuentas de cómo utiliza los contenidos de terceros en la generación de sus respuestas, qué fuentes cita y en qué condiciones lo hace.
Eso cambia la dinámica de negociación. Hasta ahora, el debate sobre la compensación por el uso de contenidos periodísticos ha dependido casi en exclusiva de la voluntad de las empresas de IA de llegar a acuerdos. La presión regulatoria añade un nuevo factor a esa ecuación.
Para la AMI (Asociación de Medios de Información) y los medios españoles, el avance de este expediente en Bruselas merece seguimiento cercano. Si Bruselas confirma la designación, aún en fase de estudio, el precedente será más amplio que OpenAI. La UE estaría fijando doctrina, pues no se mira solo el modelo, sino su papel como puerta de entrada a la información. Eso pondría sobre aviso a otros asistentes que integren navegación, búsqueda o agregación de contenidos.
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