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EN LO QUE VA DE AÑO 22 PERIODISTAS HAN SIDO ASESINADOS, HAN MUERTO 7 COLABORADORES Y HAY 162 REPORTEROS ENCARCELADOS. Todavía permanece en nuestra retina el recuerdo de los tres periodistas españoles, Ángel Sastre, Antonio Pampliega y José Manuel López, liberados tras 10 meses de cautiverio en Siria. Unas cifras que corren el peligro de quedar en mera estadística, cuando en realidad representan la lucha por las libertades, el derecho a informar y estar informado.

Defensores de la libertad

La libertad de prensa es la defensora necesaria de la democracia en los países libres y luchadora pertinaz por los derechos fundamentales en los lugares donde la libertad es sólo una quimera. El periodismo local en zonas de conflicto y las corresponsalías de guerra alzan su voz a diario para denunciar con la verdad el abuso sistemático y el recorte de libertades.

Para que la información, ya sea a través de un articulo o reportaje, o bien de una imagen o una secuencia, llegue al conocimiento del ciudadano, los reporteros de guerra han tenido que esquivar amenazas, sortear peligros, evitar manipulaciones y casi siempre burlar la escasez de medios. Siempre ha sido una profesión de riesgo, pero hoy es más peligrosa y necesaria que nunca.

Los reporteros de guerra son héroes y defensores de la paz en el mundo. Sin embargo en pleno siglo XXI cada vez son más utilizados como moneda de cambio en medio de los conflictos, los gobiernos y autoridades públicas entorpecen su labor y los bandos beligerantes manipulan el escenario de los hechos tratando de engañar al ojo del periodista.

Un conflicto muy particular

Siria es uno de los puntos más conflictivos para cubrir la información y así nos lo aseguran algunos héroes de la información. Mikel Ayestarán asegura que “El periodista debe extremar las precauciones a la hora de acudir a las fuentes. En zonas como el sur de Afganistán o las que controla la oposición armada en Siria muchas veces lo que manejamos es la propaganda de los distintos grupos y la de los servicios de inteligencia, que no deja de ser propaganda de una de las partes en conflicto. Por eso este conflicto se ha convertido en un agujero negro informativo sin final”. Mikel es reportero de guerra freelance colaborador habitual de los grupos Vocento y EiTB.

Para Rosa Meneses, reportera de guerra de El Mundo, “la tendencia marcada por la actual contienda Siria es que los periodistas somos un claro objetivo de ambos bandos enfrentados y eso está haciendo que nos sea imposible cubrir el conflicto sirio sobre el terreno.” Se ha perdido el respeto hacia los reporteros en zonas de guerra lo que sumado a la dura crisis que también ha golpeado a los medios los ha vuelto aún más vulnerables. Para Óscar Gutiérrez, periodista de El País, “esta perdida de respeto se debe a que existe un mayor conocimiento del papel fun- mental del reportero en una guerra, y, por lo tanto, lo valioso que puede ser acabar con su vida. De esta forma los periodistas en zonas de conflicto han terminado por convertirse en claros objetivos de guerra. “¿Y si no hubiéramos estado en los Balcanes, Irak o incluso en Vietnam?”, sentencia Gutiérrez.

Los periodistas en zonas de conflicto son duros y no quieren dejarse llevar por el aire de derrota que pretenden inocular ciertos sectores de la profesión ni por “los cantos nostálgicos de que cualquier tiempo pasado fue mejor”, como apunta Francisco Carrión, corresponsal de El Mundo en Egipto.

La exposición de los reporteros de guerra en mayor que nunca. No obstante, para Ayestarán el nivel de exposición lo marca cada conflicto “–es muy distinto estar en Jerusalén o en Siria– , a mi me gusta depender de mí mismo y organizar yo las cosas, con la gente y contactos que conozco. Me siento peor cuando vas “empotrado” con ejércitos o milicias.” Para Carrión “es muy importante saber medir el peligro y también el miedo. Hay ciertas líneas rojas que si se traspasan sencillamente se corre el riesgo de no poder contar nada. Nunca debemos olvidar que quiénes sufren y quiénes son los protagonistas son los otros. No se puede ir a las zonas de conflicto a cualquier precio”.

Son muchas las decisiones que debe tomar un corresponsal de guerra, determinaciones cruciales de la que dependen las vidas de los que le rodean en ese momento. Mikel Ayestarán asegura que “a la hora de entrar en un conflicto lo primero es tener claro con quién entras, en qué bando estás y nunca cambiar de lado durante una cobertura porque tu vida y la de los que te acompañan (traductores, conductores…) está en peligro.”

Los reporteros de guerra son conscientes de su indefensión, sin embargo también saben que “no deben tener miedo a contar la verdad. Es una obligación ejercitarla a diario a pesar de las presiones que a veces se reciben, de los disgustos que causan a menudo nuestros relatos y de las posibles consecuencias”, relata Carrión.

El regreso a la normalidad

Como otros profesionales que trabajan en zonas de conflicto (cooperantes, militares, médicos…), “los periodistas tenemos una alta capacidad de resiliencia y tanto por la profesionalidad como por la experiencia sobre el terreno y el compromiso para estar al lado de las víctimas, desarrollamos una gran fortaleza mental”. Rosa Meneses además de reportera de El Mundo es colaboradora de Dart Center for Journalist and Trauma, una asociación que aporta consejos a periodistas que trabajan en entornos hostiles, conflictos o cubren situaciones de violencia. Y es que el regreso no siempre es fácil para los reporteros.”No hay que desatender ‘la vuelta a casa’, es decir, cuando hemos terminado nuestro trabajo y volvemos a un entorno normal, podemos registrar síntomas de estrés postraumático como pesadillas, tristeza, necesidad de aislarse socialmente, insomnio, etc. Creo que es algo que hay que cuidar y que las redacciones suelen desatender. Tra- tarlo y saber gestionar estas sensaciones es clave para volver al terreno y no agrandar ese estrés con cada cobertura. El apoyo de compañeros, saberse escuchado, practicar deporte y una vida sana o buscar ayuda psicológica cuando es necesario puede ayudar mucho en esto”.

Las herramientas digitales ayudan

Las nuevas tecnologías están sir- viendo para derribar barreras y dar visibilidad a la labor de los periodistas de guerra. Para el corresponsal de El Mundo en Egipto lo digital brinda inmensas posibilidades al buen pe- riodismo. Aunque “si lo hacemos simplemente para tratar de contar algo a golpe de 140 caracteres a una élite, no tienen mucho sentido. En cambio, si lo hacemos para trasladar la realidad que captamos sobre el terreno y ofrecer al lector una experiencia aún más completa en la que imágenes y vídeo complementen y enriquezcan el texto, el mundo digital es un universo de posibilidades ilimitadas que hacen aún más grande nuestro trabajo”.

Amenazas

Las cuatro grandes amenazas que se ciernen sobre la labor de los periodistas en zonas de conflicto se pueden resumir en su indefensión sobre el terreno, la escasez de recursos motivada por la crisis, su uso como moneda de cambio entre contendientes y la manipulación del escenario de los hechos de la que pueden ser víctimas. La labor de estos héroes de la información debe ser conocida y reconocida para mentalizar a la sociedad del inestimable bien que aportan en términos de libertad, respeto a los derechos humanos y al mantenimiento del sistema democrático.

La cobertura de los periodistas en zonas de conflicto no se limita al periodismo de guerra. Como señala Meneses, también hacen periodismo preventivo, siendo una alerta eficaz del peligro antes de que salten por los aires acuerdos entre las partes y también después, cuando tratan situaciones de postconflicto.

Si bien los grandes titulares se los llevan los asesinados, no podemos pasar por alto los cientos de periodistas acosados, secuestrados, heridos y amenazados que diariamente arriesgan su vida para ejercer su profesión, defender la libertad de prensa y ayudar a que esta sociedad sea más libre y más justa.

Una última reflexión algo paradójica. A pesar de que el trabajo en zonas de conflicto es complejo y arriesgado, la estadística es demoledora. Según Reporteros sin Fronteras en 2015 fue la primera vez que hubo más muertes de periodistas en zonas que no están en conflicto. Un dato que sin duda nos obliga a la considerar cómo estamos cuidando algo tan valioso como la libertad de información en un mundo, teóricamente, cada vez más avanzado.