La libertad de prensa, en su punto más crítico: conclusiones clave del Balance 2025 de Reporteros Sin Fronteras
Europa no es ajena al retroceso, con un aumento de la represión, las agresiones y los encarcelamientos. Los conflictos armados, el crimen organizado y el autoritarismo siguen siendo las principales amenazas para el periodismo.
El último informe anual de Reporteros Sin Fronteras (RSF) dibuja un panorama alarmante para la libertad de prensa a escala global. Entre el 1 de diciembre de 2024 y el 1 de diciembre de 2025, 67 periodistas fueron asesinados en 22 países del mundo, 503 permanecen encarcelados, 20 siguen secuestrados y 135 continúan desaparecidos en todo el mundo.
Las tres mayores cárceles de periodistas del mundo son China (121), Rusia (48) y Birmania (47). Y los países que registran los mayores casos de periodistas desaparecidos son Siria (27), México (28) e Irak (12).
Las cifras no solo confirman una violencia persistente contra los profesionales de la información, sino que revelan una tendencia preocupante: la normalización de la impunidad y el debilitamiento de los mecanismos internacionales de protección.
En este contexto, RSF advierte sobre un creciente odio contra los periodistas, alimentado por campañas de desprestigio:
El odio hacia los periodistas justifica la furia de los manifestantes, la violencia de las fuerzas del orden o de los ejércitos, hasta la eliminación de los profesionales de la información. El descrédito se convierte en el caldo de cultivo de lo peor, concediendo en ocasiones un insoportable permiso para matar”, asegura Thibaut Bruttin, director general de RSF.
Europa: represión creciente y retroceso democrático
Aunque Europa sigue siendo, en términos comparativos, una de las regiones más seguras para ejercer el periodismo, el informe de RSF alerta de un deterioro significativo del entorno informativo, especialmente en el este del continente.
Rusia se consolida como uno de los principales depredadores de la libertad de prensa. En 2025, el país alcanzó su peor posición histórica en la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa de RSF (puesto 171) y mantiene 48 periodistas encarcelados, 26 de ellos extranjeros, en su mayoría ucranianos. Desde la invasión de Ucrania en 2022, el periodismo independiente ha sido prácticamente erradicado en Rusia, y la cobertura informativa de la guerra se ha convertido en un motivo directo de persecución penal.
La situación en Ucrania, por su parte, evidencia cómo los conflictos armados siguen cobrando un alto precio informativo: tres periodistas murieron en 2025 a causa de ataques con drones rusos mientras realizaban su trabajo sobre el terreno. A ello se suma la persistencia de detenciones arbitrarias y secuestros de reporteros en territorios ocupados o bajo control militar.
En los Balcanes, Serbia destaca como un foco de preocupación. RSF documentó al menos 98 agresiones físicas contra periodistas que cubrían protestas anticorrupción, muchas de ellas cometidas por fuerzas del orden en un clima de hostilidad alentado desde el poder político. Estos hechos confirman que la violencia contra la prensa ya no es un fenómeno ajeno a los Estados miembros o candidatos a la Unión Europea.
Oriente Próximo: la guerra como mayor amenaza para los periodistas
A nivel global, el conflicto en Gaza marca un punto de inflexión histórico. Casi la mitad de los periodistas asesinados en 2025 murieron en la Franja de Gaza, lo que convierte a Palestina en el territorio más mortífero para la prensa. RSF atribuye al Ejército israelí el 43 % de los asesinatos de periodistas en el mundo durante el último año, en un contexto de ataques reiterados contra reporteros claramente identificados y de una narrativa oficial que estigmatiza a la prensa palestina.
Israel figura además entre los mayores carceleros de periodistas, con 20 profesionales palestinos detenidos, muchos de ellos sin cargos formales, lo que plantea serias dudas sobre el respeto al derecho internacional y a la protección de civiles en conflictos armados.
América Latina: el peso del crimen organizado y el exilio forzado
En América Latina, la violencia adopta otras formas, pero no es menos letal. México cerró 2025 como el segundo país más peligroso del mundo para los periodistas, con nueve asesinatos, la mayoría vinculados a investigaciones sobre crimen organizado, corrupción y política local. RSF subraya el fracaso de los mecanismos estatales de protección, incluso en casos de periodistas que contaban con medidas oficiales de seguridad.
En El Salvador, la represión no se traduce tanto en asesinatos como en un éxodo masivo de periodistas. Al menos 53 profesionales se vieron obligados a abandonar el país en 2025 ante la persecución judicial, la vigilancia policial y las campañas de odio impulsadas desde el poder. El cierre y exilio de medios independientes confirma una estrategia sistemática para silenciar voces críticas.
Asia y África: censura, encarcelamientos y desapariciones prolongadas
Asia concentra las mayores cifras de encarcelamiento. China sigue siendo la mayor cárcel de periodistas del mundo, con 121 profesionales detenidos, incluidos casos emblemáticos de reincidencia represiva contra informadores que ya habían cumplido condenas previas. Birmania y Vietnam completan el podio de países donde informar se castiga con prisión y tortura.
En África y Oriente Medio, la tragedia se prolonga en el tiempo a través de las desapariciones forzadas. Siria acumula 37 periodistas desaparecidos, muchos de ellos desde hace más de una década, mientras que Yemen se ha convertido en el país con más periodistas secuestrados, en su mayoría en manos de los rebeldes hutíes.
Una llamada urgente a la responsabilidad internacional
El Balance 2025 de RSF no es solo un recuento de víctimas, sino una advertencia clara: el odio hacia los periodistas y la impunidad de sus agresores se han convertido en una amenaza estructural para la democracia. La organización denuncia la pasividad de la comunidad internacional y reclama políticas públicas eficaces de protección, así como el cumplimiento de las resoluciones de Naciones Unidas sobre la seguridad de los periodistas.
En un contexto de desinformación, polarización y conflictos armados, defender a quienes garantizan el derecho a una información libre y veraz es una obligación democrática. Como recuerda RSF, los periodistas no “mueren”: los matan, los encarcelan o los silencian. Y cada ataque contra ellos es también un ataque directo contra el derecho de la ciudadanía a estar informada.
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