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Martin_Baron

Hablar con Martin Baron (Tampa, EEUU, 1954) es hablar con un director de medios de información con mayúsculas. De uno de los periodistas más reconocidos del planeta, que ha trabajado en diarios como The New York Times, Miami Herald o Los Angeles Times, y ha tenido el privilegio de dirigir dos de los diarios más importantes e influyentes de Estados Unidos, The Boston Globe y The Washington Post, que han cambiado nuestra conciencia colectiva a partir de la revelación al público de algunos escándalos sin precedentes gracias a una labor investigadora referente en todo el mundo.

El periodista, retirado en 2021 de la primera línea de los medios de información y con residencia en una tranquila zona entre Massachusetts y Nueva York, ha estado hace unos días Madrid para presentar su libro de memorias Frente al poder. Trump, Bezos y el Washington Post, editado en nuestro país por La Esfera de los Libros. Él mismo define su libro como “un testimonio personal y profesional sobre las corporaciones, la política y la democracia en Estados Unidos”, y, en sus páginas, ofrece un retrato inspirador y único acerca del papel de la prensa, el evidente deterioro de la democracia más longeva y más grande del mundo, y con retratos de algunos de los protagonistas de la actualidad norteamericana, como el multimillonario Jeff Bezos o el magnate y presidente Donald Trump. Y desvela algunos casos destapados por el Post, como el del ex agente de la NSA, Edward Snowden, las interferencias rusas en las elecciones de EEUU o el asesinato de Jamal Kashoggi de manos de agentes de la inteligencia saudí.

Para conocer más en detalle a una figura única para entender la realidad estadounidense, AMI ha podido entrevistar a Baron para comentar con él sobre la importancia del periodismo y “su misión más trascendental”, según sus propias palabras: “Poner al descubierto las irregularidades y las vilezas de los poderosos”.

– La misión más trascendental de los periodistas es poner al descubierto las irregularidades y las vilezas de los poderosos” es, sin duda, una frase que debería estar impresa en las paredes de cualquier redacción del mundo. ¿Quiénes son, para usted, esos poderosos de los que desvelar lo que esconden?

Siempre pienso en los padres fundadores de los Estados Unidos, como James Madison, principal autor de la primera enmienda de la Constitución, que garantizó desde entonces la libertad de expresión y la libertad de prensa. Y cuando se refirió al papel de la prensa, lo describía como el derecho a examinar libremente a los personajes públicos y sus decisiones. Los personajes públicos son los poderosos: los presidentes, los políticos, los funcionarios del Gobierno y otros en situaciones de autoridad, como empresarios, líderes religiosos, altos cargos de organizaciones sin ánimo de lucro… Son los que toman las decisiones que afectan a nuestras vidas.

La palabra clave es “examinar”. Significa que los periodistas no son taquígrafos, sino que tienen que entrar en la trastienda y mirar bajo la superficie. Saber quién hizo qué y por qué, a quién afectará, quién influyó en las decisiones y con qué intención. Nosotros, los periodistas, debemos darlo a conocer. A veces sabemos que se cometen males que pueden adquirir, si se conocen, dimensiones extraordinarias. Y, en muchos casos, la culpa es de quienes ejercen un poder extraordinario. Puede haber conductas indebidas que permanecen ocultas o inadvertidas durante décadas y la gente corriente puede sufrir graves perjuicios, y es muy frecuente que la voz de las víctimas se ignore, se calle o no se escuche. Por eso, los periodistas debemos obligar a rendir cuentas a los poderosos, independientemente de su posición política, ideológica, religiosa, comercial o de cualquier otro ámbito.

-’Frente al poder’ es el título de su libro de memorias y ya es toda una declaración de intenciones. Recuerda a aquella definición que hizo Thomas Macaulay de los medios de información como “cuarto poder”. ¿Hasta qué punto el periodismo actual ejerce ese poder y por qué no siempre está comprometido con ese “poder” ni contra el poder establecido?

Los periodistas, hoy en día, se enfrentan a muchas presiones. Mucha presión financiera y escasez de recursos para ejercer el periodismo de campo o el periodismo de investigación, ese periodismo que necesita madurarse durante meses. También algunos propietarios de medios llevan presiones a sus periodistas y se meten en la cobertura para proteger sus propios intereses: personales, políticos, comerciales… A veces, algunos periodistas dejan que sus opiniones políticas prevalezcan sobre la necesidad de mantener independencia periodística y, por tanto, no quieren exigir responsabilidades a los políticos que comparten su ideología…

Hay muchas razones, por tanto, que empuja a los periodistas a no cumplir con su misión de insistir a los poderosos para rendir cuentas de sus vilezas. Sin embargo, en muchos países, como en EEUU, hay mucho periodismo de investigación que logra gran impacto en los lectores y en la sociedad. Estoy muy orgulloso de que los periódicos que he dirigido hayan ejercido un riguroso periodismo de investigación y que haya dado buenos resultados. Y en los últimos años hemos visto, incluso, colaboraciones entre medios de información o entre periodistas de distintos países para investigar abusos de poder: malversación de fondos, evasión fiscal… por parte de políticos y empresarios muy conocidos, poderosos e influyentes.

-Como comenta, usted ha estado al frente de dos de los diarios con más influencia en EEUU y, por ende, en todo el mundo, como el Boston Globe y el Washington Post. ¿Es más sencillo ejercer ese poder desde diarios tan poderosos o cree que cualquier medio, por pequeño, humilde o joven que sea, tiene ese ‘contrapoder’ en sus manos, en sus páginas?

Obviamente, los diarios más grandes son los que cuentan con más recursos y los periodistas tienen más tiempo para indagar en los hechos. Sin embargo, medios más pequeños pueden hacer también investigaciones de gran impacto. En su ciudad, en su región, en su país. Incluso con repercusión mundial. Los directivos, los redactores, los reporteros tienen que dedicarse a ese tipo de periodismo. Aquí, en EEUU, he visto muchos medios jóvenes y pequeños ganar premios Pulitzer por hacer periodismo de investigación y ese periodismo de impacto siempre está en manos de las personas que dirigen la redacción, y en sus manos está también utilizarlo.

-De todos los casos que ha desvelado como periodista o como director de periódico, ¿cuál considera que es el más importante? ¿Quizá el caso de los abusos que inspiró la película ‘Spotlight’?

Cuando llegué al Boston Globe en el año 2001, estábamos con problemas financieros por una caída de las ventas, que había reducido la plantilla y las aspiraciones, y decidimos reinventarnos y empezar a trabajar en el periodismo de investigación, a fomentarlo. Por ejemplo, empezamos investigando una de las instituciones más poderosas del mundo, como es la Iglesia católica, y descubrimos una política de encubrimiento de abusos sexuales realizados por parte del clero. El primer artículo sobre el tema se publicó a principios de 2002 y esa investigación aún hoy en día sigue teniendo repercusiones en todo el planeta. Sin duda fue el caso más importante, porque sigue teniendo una enorme repercusión. Casi nadie antes había escuchado la voz de las víctimas de los abusos: los políticos no las escuchaban, ni las autoridades policiales ni judiciales, ni la prensa. La prensa tiene la obligación absoluta de escuchar las voces de las personas sin poder, porque tienen algo muy poderoso que decir. La investigación del diario en 2002 y la película del año 2015 ayudaron a concienciar al público y a la prensa sobre ese periodismo de investigación. Puso de manifiesto la dificultad de practicar ese tipo de periodismo y cómo puede hacerse bien. Y tenemos esa necesidad de escuchar a todo el mundo, tengan o no poder.

-Y de todos los poderosos a los que se ha enfrentado, ¿cuál es el más peligroso o al que es más difícil hacer frente?

El más peligroso es el presidente de los EEUU, porque es la persona más poderosa del mundo. Puede hacer mucho daño y tiene la capacidad de abusar del poder sin rendir cuentas, como hemos visto. Y, aunque sean acusados o juzgados, ellos o su entorno, sus seguidores les siguen incondicionalmente y hacen la vista gorda. Hablo, obviamente, de Donald Trump. Obviamente, no podemos prever el resultado de las elecciones, pero ha dejado claras sus intenciones de aprovechar el poder presidencial para aumentar la presión sobre la prensa si vuelve a la Casa Blanca. Habla abiertamente de la posibilidad de suspender la Constitución, aquella que juró defender en su toma de posesión. Habla de la posibilidad de utilizar el gobierno como arma para vengarse de sus enemigos políticos y de su deseo de encarcelar a periodistas cuando publiquen información filtrada, que él califica como “traición”. Quiere obstruir nuestro acceso a la información gubernamental, y todo esto es una forma de hacer política peligrosamente autoritaria. Muy similar a lo que se hace en dictaduras o en países autoritarios. Es todo antidemocrático y estamos sobre aviso.

-¿Por qué considera que la democracia norteamericana está en un claro declive y cómo pueden ayudar los medios a recuperarla?

En mi opinión, hay un alto porcentaje de ciudadanos que considera que la democracia no ha dado sus resultados, no ha mejorado sus vidas cotidianas. Y que los políticos, las élites, incluso la prensa, no han prestado la atención necesaria a los ciudadanos y sus luchas y han despreciado a sus valores tradicionales. Y ahora están buscando a un hombre fuerte, a su modo de pensar, que pueda arreglar las cosas, vengarse de los culpables y estar dispuesto a machacar a sus supuestos enemigos.

Hay muchas semejanzas a una dictadura, me temo. Donald Trump es un aspirante a autócrata y admira a hombres fuertes de países como Turquía, Rusia y Corea del Norte. Quiere tener los mismos poderes.

¿Qué puede hacer la prensa? Me gustaría recordar lo que dijo Steve Bannon, ayudante y asesor de Trump, en 2017 durante sus primeros días en la Casa Blanca: que los medios eran “el partido de la oposición”. Porque les gustaría que nos comportáramos así, pero en realidad es una trampa. Si lo hiciéramos así, sería más fácil desacreditarnos y socavar nuestra credibilidad, por decir que no somos medios independientes, que no somos más que una rama de un partido, que no habíamos ejercido el periodismo con honestidad ni con objetividad. Y que, por tanto, la gente no debe creer en lo que publicamos o transmitimos.

Nosotros, los periodistas, no debemos caer en las trampas que nos tienden los políticos y sus secuaces. Vivimos tiempos peligrosos para la prensa libre e independiente, incluso para las reglas fundamentales de la participación cívica. Pilares que dábamos por sentados. Ahora, cuando pedimos cuentas al poder, no es para sentirnos virtuosos ni a gusto con nosotros mismo. Para ser rigurosos y justos, nuestro objetivo es cumplir nuestros fines y, para eso, debemos comportarnos como profesionales, no como combatientes. Hoy, cuando la confianza en los medios es escasa, es importante ser más transparentes en cómo llevamos a cabo nuestro trabajo. Deberíamos dar por sentado que los lectores, los espectadores, los oyentes no van a creerse ni una palaba de lo que publicamos a menos que aportemos pruebas documentadas que lo verifiquen. Debemos comportarnos como si fuéramos abogados en un juicio. Demostrar, no solo contar. Convencer, no condenar.

-¿Y cómo será el periodismo y los medios en un futuro cercano? ¿Podremos vencer a peligros actuales tan acuciantes y tan peligrosos para la democracia y los medios, como son las ‘fake news’, la banalización de las noticias por parte de las redes sociales o los automatismos y la impersonalización que puede acarrear la irrupción de la inteligencia artificial?

El panorama del periodismo es tenebroso, pero hay esperanza. Los medios tradicionales tienen que diferenciarse de la comida chatarra en el entorno mediático, como son las fake news o el uso de IAG para falsificar vídeo y audio. Tenemos que hacer nuestro trabajo de forma rigurosa, exhaustiva, independiente, justa y honesta, al tiempo que aprendemos a cómo difundir y contar la información de otra manera. El mundo mediático está atravesando una reinvención radical en la forma de difundir información. Y tendremos que adaptarnos rápidamente a estos cambios. Sin embargo, para cumplir nuestra misión de forma adecuada, convincente y eficaz, debemos regirnos por los valores, principios y practicas fundamentales que han servido al periodismo y al interés público durante muchas décadas. Puede servirnos, incluso, en estos tiempos tan peligrosos.