Deterioro de la libertad de prensa en Europa: el Consejo de Europa alerta del aumento de la violencia contra periodistas
El último informe anual del Consejo de Europa registra 344 amenazas graves contra periodistas en 2025. Las agresiones físicas, la pasividad institucional y la presión de los gigantes tecnológicos agravan la crisis de la libertad de prensa.
En 2025, la libertad de prensa en Europa estuvo sometida a una presión constante, con amenazas que van desde ataques directos contra los trabajadores de los medios de comunicación, hasta interferencias políticas, inestabilidad financiera o legislación restrictiva en países europeos.
Esta es una de las principales conclusiones del último informe elaborado por la Plataforma del Consejo de Europa (organización que reúne a 15 entidades internacionales de referencia), el cual revela que en 2025 las alertas de amenazas graves a la libertad de los medios de comunicación crecieron en un 29%, con 344 registros ese año, frente a los 266 de 2024.
La violencia física, las detenciones arbitrarias y la persecución judicial se están afianzando como tácticas sistémicas de censura que se concentran con especial presencia en Rusia (50 alertas registradas), Turquía (49), Georgia (35), Serbia (35) y Ucrania (27).
Este ecosistema abiertamente hostil se traduce en cifras de encarcelamiento sin precedentes recientes en Europa. A 31 de diciembre de 2025, contabilizaba 148 profesionales de los medios privados de libertad por ejercer su labor. Rusia encabeza esta lista con 58 informadores detenidos (incluyendo a 26 comunicadores en los territorios ucranianos ocupados), seguida muy de cerca por Azerbaiyán (36 casos), Bielorrusia (27) y Turquía (24). La pasividad institucional está fomentando la cultura de la impunidad, puesto que 51 asesinatos de periodistas siguen hoy sin resolverse, solo una de cada tres alertas recibió respuesta gubernamental, y apenas el 20 % de los expedientes abiertos desde 2015 han encontrado algún tipo de resolución oficial.
La naturaleza de las amenazas físicas, además, es cada vez más directa y letal. En Ucrania, el uso selectivo de drones rusos se ha cobrado la vida de cuatro trabajadores de los medios este último año: los periodistas locales Olena Hramova, Yevhen Karmazin, Tetyana Kulyk, y el fotoperiodista francés Antoni Lallican. Lejos de las líneas del frente, la violencia contra quienes cubren protestas civiles se ha extendido al menos a una cuarta parte de los Estados miembros. En Serbia, las agresiones perpetradas por policías y simpatizantes gubernamentales durante las protestas ciudadanas en Novi Sad obligaron a la asociación nacional de periodistas a distribuir de urgencia equipos de seguridad propios para proteger a los reporteros. Asimismo, en Georgia, las coberturas de movilizaciones derivaron en detenciones y duras represalias, que culminaron en la condena —altamente politizada— a dos años de prisión de la directora de medios Mzia Amaglobeli, galardonada con el IPI-IMS World Press Freedom Hero. En Turquía, la cobertura de las protestas por la detención del alcalde de Estambul, Ekrem Imamoglu, terminó con al menos 12 informadores apaleados en las calles y otros 11 arrestados durante redadas de madrugada.
Dentro de este clima de represión, el informe pone el foco en la desprotección específica a la que se enfrentan las mujeres del sector, quienes sufren un doble riesgo derivado de su labor y de su género. Las estadísticas son alarmantes, ya que el 87 % de las mujeres periodistas afirma haber experimentado ciberviolencia ligada a su trabajo, soportando sistemáticamente campañas organizadas de difamación, revelación de datos personales y amenazas.
El impacto de los gigantes tecnológicos
La viabilidad estructural del periodismo tradicional debe lidiar diariamente con el desafío que impone el dominio del mercado por parte de las grandes plataformas tecnológicas.
El informe también expone cómo las grandes plataformas tecnológicas, valiéndose de su abrumadora posición y de sólidas conexiones políticas, continúan acaparando los recursos publicitarios y tratan de desviar la atención ciudadana, lejos de los medios de comunicación tradicionales.
Agravando este escenario, las redes sociales han retrocedido drásticamente en sus compromisos con la moderación de contenidos y verificación de datos. Como consecuencia directa, el ecosistema informativo corre hoy el riesgo inminente de verse desbordado por olas masivas de desinformación, potenciadas de manera exponencial por las nuevas herramientas de inteligencia artificial.
“El dominio de las grandes tecnológicas y el debilitamiento de las salvaguardas de las plataformas están socavando la integridad del ecosistema informativo”, concluye el informe.
Ante esta falta de salvaguardas tecnológicas, la Unión Europea ha abierto numerosos procedimientos para exigir responsabilidades palpables; de hecho, en diciembre de 2025, la Comisión Europea impuso una sanción de 120 millones de euros a la red social X por incumplir flagrantemente sus obligaciones de transparencia bajo la nueva Ley de Servicios Digitales.
El acoso legal contra periodistas
El informe expone que en 2025 la legislación siguió utilizándose para restringir el trabajo de periodistas, limitar el acceso a la información y socavar el derecho a saber.
El documento también hace énfasis en el acorralamiento legal y la cibervigilancia estatal que sufren muchos medios de comunicación en Europa. Las demandas estratégicas contra la participación pública (SLAPP, por sus siglas en inglés) siguen empleándose de manera rutinaria para agotar económicamente a reporteros críticos en muchos países miembros, siendo Serbia uno de los más afectados.
De forma simultánea, el espionaje militar destruye la indispensable confidencialidad de las fuentes. Según el estudio, investigaciones técnicas independientes confirmaron en 2025 nuevos ataques focalizados con el programa Pegasus contra dos redactoras de la red BIRN en Serbia, así como la infiltración del software Graphite contra el director e informadores del medio italiano Fanpage.
El informe concluye con una advertencia clara: Europa se acerca a un punto de inflexión para la libertad de prensa. Si no se adoptan medidas firmes para combatir la impunidad de los ataques contra periodistas, garantizar la independencia y financiación sostenible de los medios públicos y frenar las presiones políticas, económicas y tecnológicas que erosionan el ecosistema informativo, el deterioro podría volverse estructural.
Para el Consejo de Europa y las organizaciones que integran la Plataforma, el desafío inmediato pasa por reforzar la protección efectiva de los periodistas y cerrar la brecha entre los compromisos políticos y la realidad sobre el terreno. De lo contrario, advierten, el debilitamiento del periodismo independiente podría socavar uno de los pilares esenciales de las democracias europeas.