Una jueza de Nueva York ha avalado que los reclamos judiciales de un grupo de medios, que hacen parte de la News Media Alliance, sigan adelante. Señalan a la plataforma tecnológica de infringir derechos de autor y usar indebidamente sus marcas.
Los principales grupos mediáticos del mundo, que hacen parte de News Media Alliance, lograron esta semana una victoria significativa en su lucha por proteger su trabajo frente al uso no autorizado de la inteligencia artificial. La jueza Colleen McMahon, del Distrito Sur de Nueva York, rechazó íntegramente la moción de Cohere para desestimar la demanda que estos medios han presentado contra la compañía de IA. La resolución judicial confirma que las acusaciones contra esta plataforma de IA, por copia literal, uso indebido de contenido protegido, apropiación de marcas y generación de textos que sustituyen a los originales, son suficientemente sólidas como para avanzar en los tribunales.
Para los medios demandantes, entre ellos Condé Nast, The Atlantic, Forbes, The Guardian, Los Angeles Times, McClatchy, Vox Media, entre otros, la decisión de la jueza no es solo un trámite judicial: es una validación directa de un problema que la industria lleva años denunciando.
Desde su perspectiva, plataformas como Cohere han construido productos comerciales aprovechándose del trabajo periodístico sin permiso, sin compensación económica y sin respetar los derechos que protegen la creación informativa. La resolución de McMahon confirma que esos señalamientos no son meras especulaciones: hay base legal suficiente para sostener que Cohere podría haber usado miles de artículos protegidos como si fueran de libre acceso.
Danielle Coffey, presidenta y directora ejecutiva de News/Media Alliance, celebró el fallo como una reivindicación del derecho de los medios a proteger su trabajo:
“Esta decisión constituye un primer paso hacia la justicia para estas editoriales, que merecen la plena protección legal que la ley ofrece a su propiedad intelectual.”
Para la industria, la resolución no solo abre las puertas a un litigio que podría sentar precedente internacional. También demuestra que las cortes reconocen la importancia de preservar un ecosistema informativo sostenible frente al avance de tecnologías que, sin controles, pueden mermar tanto la viabilidad económica como la credibilidad del periodismo.
En uno de los pasajes más relevantes de la decisión que permite avanzar con el proceso judicial, la jueza subraya que las obras generadas por el modelo de IA Command no se limitan a “resumir hechos”, como argumentaba Cohere. Según la presentación de los medios, que el tribunal acepta como plausible, el sistema llega a reproducir párrafos enteros, palabra por palabra, y a generar textos que replican no solo el contenido factual, sino también la estructura narrativa y la expresión original de los periodistas.
Para los editores, este punto es crucial: reafirma que el periodismo no se reduce a recolectar datos, sino que implica decisiones creativas y profesionales que están protegidas por la ley. La decisión judicial respalda esa idea y reconoce que la “similitud cualitativa” es tan importante como la cuantitativa al evaluar una posible violación de copyright.
Otro aspecto central para los medios es la defensa de sus marcas, que representan décadas, a veces siglos, de credibilidad y reputación. La demanda acusa a Cohere de permitir que su modelo genere textos inventados (conocidos como alucinaciones) atribuidos falsamente a estas cabeceras.
La jueza coincide en que esta práctica puede considerarse uso comercial de marca y, por tanto, potencialmente infringir la ley. Para las empresas periodísticas, esto no solo supone una apropiación indebida de su identidad: es un riesgo directo a la confianza del público, un recurso cada vez más frágil en el ecosistema informativo contemporáneo.
La decisión de McMahon también refuerza un mensaje que los medios han venido trasladando desde el auge de la IA generativa: la innovación no puede construirse sobre la explotación gratuita del periodismo profesional. El contenido que alimenta a estos modelos no surge de la nada; es fruto del trabajo, la investigación y la inversión de organizaciones que dependen de su propiedad intelectual para sobrevivir.
Para los editores, esta victoria procesal es un paso más en un intento mayor: establecer que las empresas de IA deben licenciar, pagar y respetar el contenido que utilizan. Si los modelos generan textos que compiten con los artículos originales, o si entrenan su tecnología con millones de palabras producidas por redacciones de todo el mundo, entonces —argumentan— deben asumir las responsabilidades legales y económicas correspondientes.
Aunque la guerra legal continúa, los medios han ganado una batalla crucial: la justicia ha confirmado que sus denuncias merecen ser escuchadas, examinadas y, potencialmente, reparadas.
En un momento en el que los modelos de IA pueden replicar y distorsionar el trabajo de las redacciones en segundos, este fallo envía un mensaje inequívoco: el periodismo tiene valor, está protegido por la ley, y no puede convertirse en materia prima gratuita para quienes quieran lucrarse con él.
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