En la gala del cuarto de siglo de El Confidencial, Felipe VI defendió el periodismo de investigación como “vigilante de todo poder” y antídoto frente a la desinformación. Los primeros Premios de la cabecera distinguieron a Dean Baquet, Aristegui Noticias y La Marea.
Hay discursos que valen por lo que reivindican. El que pronunció Felipe VI este martes en Madrid, durante la gala con la que El Confidencial celebró sus veinticinco años y entregó la primera edición de sus Premios de Periodismo de Investigación, fue uno de ellos. Ante los galardonados y la profesión, el Rey situó al periodismo —y muy especialmente a su vertiente más exigente, la investigación— en el centro de la salud democrática.
El monarca describió esa rama del oficio como la más “vigilante de todo poder”, fuese “político, económico, social o de cualquier naturaleza”, y la consideró imprescindible para “preservar las libertades”. No es una fórmula menor: define con precisión la función que la prensa de calidad reclama para sí y que las asociaciones del sector defienden ante instituciones y gobiernos. El periodismo que incomoda al poder, recordó, no es un lujo: es una garantía.
El Rey trazó también la frontera que separa al periodismo de su falsificación. El oficio de informar, dijo, está siempre “en las antípodas de la desinformación, de la polarización y de la crispación”; cuando se deja arrastrar por ellas, “deja de ser verdadero periodismo”. Y subrayó que la exigencia se vuelve mayor, no menor, en la era de la inteligencia artificial: ante un futuro que, advirtió, “nos asalta vertiginosamente con los algoritmos y la IA”, todo periodista cabal está obligado a someterse “al rigor, a la minuciosidad y a la reflexión”. En un ecosistema saturado de mapas “confusos y contradictorios, cuando no directamente falsos”, concluyó, es la prensa la que ayuda a discernir cuál se ajusta a la realidad.
Hubo espacio para la ironía ilustrada. Felipe VI abrió citando a Oscar Wilde —“No soy lo suficientemente joven para saberlo todo”— para reclamar a un periódico que, lejos de envejecer, se haga “cada vez más joven, más atrevido, más audaz”. Y reivindicó la humildad como método: informar, dijo, no consiste en proclamar lo que uno sabe, sino en escuchar lo que dicen los demás. Para ilustrarlo, hizo suyas las palabras de uno de los premiados, Dean Baquet, cuando resumía su trabajo como editor en sus conversaciones con corresponsales y reporteros.
Esa mención condujo al corazón de la noche: los premiados. El Premio a la Trayectoria Profesional distinguió a Dean P. Baquet, exdirector ejecutivo de The New York Times y Pulitzer durante su etapa de reportero, bajo cuya dirección el diario impulsó investigaciones que marcaron época, entre ellas la que destapó los abusos de Harvey Weinstein y alentó el movimiento #MeToo. Lejos de retirarse, Baquet dirige hoy un programa de periodismo de investigación local: una declaración de principios sobre dónde se juega el futuro del oficio.
El Premio Internacional recayó, por unanimidad del jurado, en la investigación Televisa Leaks, publicada por Aristegui Noticias y liderada por Carmen Aristegui. El jurado la definió como un ejemplo de periodismo “valiente y original”, capaz de documentar con material inédito mecanismos de desinformación y manipulación operados desde uno de los grandes grupos mediáticos de América Latina. Que un trabajo premiado investigue al propio sector recuerda que la independencia no admite excepciones, tampoco frente a los pares.
El Premio Nacional reconoció la investigación de La Marea sobre la industria de la gestación subrogada en España, firmada por Patricia Simón, Magda Bandera y Marco Dalla Stella. El jurado, presidido por el director de El Confidencial, Nacho Cardero, valoró un trabajo de interés público sustentado en información verificada y documentada, sin opinión añadida: rigor antes que ruido.
Tres premiados, tres geografías, tres modelos editoriales distintos, y un solo hilo: la convicción de que el periodismo de investigación es un servicio público de primer orden. No es casual que la cabecera anfitriona haya querido conmemorar su cuarto de siglo precisamente así. Veinticinco años después de su fundación, El Confidencial eligió celebrarse reivindicando el oficio, y el Rey cerró el acto con un deseo que sirve para toda la profesión: pese a la edad acumulada, “tenéis todo un futuro por delante”.
Desde AMI saludamos esta primera edición de los Premios de Periodismo de Investigación de El Confidencial y compartimos plenamente el mensaje que recorrió la gala. La profesionalidad, la independencia y el rigor no son adornos del periodismo: son su razón de ser y la condición para que cumpla su función democrática. Defenderlos —y reclamar las condiciones para que las redacciones puedan ejercerlos, en las grandes cabeceras y en la prensa regional, en el papel y en el digital— es la tarea a la que esta asociación seguirá dedicada. Porque un periodismo que vigila al poder y ayuda a la ciudadanía a entender el mundo es, hoy más que nunca, una infraestructura imprescindible de la democracia.
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