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EL MUNDO reivindica el periodismo como conciencia cívica en sus Premios Internacionales

La ceremonia en la Real Academia de San Fernando reunió a referentes del periodismo internacional en una defensa común de la verdad frente a la desinformación, la violencia y la presión del poder. Los discursos de Joaquín Manso, Laurent Richard y Emma Tucker trazaron un mismo hilo: sin periodistas libres, no hay democracia posible.

La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando se transformó en un símbolo de resistencia cívica frente al caos, la mentira y la intimidación. Con la presencia de Su Majestad la Reina Letizia y de una amplia representación institucional, política y empresarial, EL MUNDO celebró la XXIII edición de sus Premios Internacionales de Periodismo, reconociendo la valentía de Laurent Richard, fundador de Forbidden Stories, en la categoría Libertad de Prensa, y la independencia y firmeza de Emma Tucker, directora de The Wall Street Journal, en la de Mejor Labor Periodística.

La ceremonia, conducida por el periodista Antonio Lucas y acompañada por las interpretaciones musicales de Daniel Oyarzabal, fue concebida como algo más que una entrega de galardones: se erigió en una defensa solemne del periodismo como ejercicio de resistencia colectiva, como oficio imprescindible para sostener la democracia en un tiempo marcado por la polarización, la violencia contra los informadores y la industria de la desinformación.

Desde el inicio, el director de EL MUNDO, Joaquín Manso, situó el acto en una dimensión histórica, ética y política. Recurrió a Goya y a su grabado El sueño de la razón produce monstruos para trazar un paralelismo entre la Ilustración y el periodismo moderno: ambos nacen para sacar a la luz la verdad que el poder preferiría ocultar y entregarla a la sociedad como base de la convivencia. En un mundo sacudido por el desorden geopolítico, la erosión de las normas y la degradación del debate público, Manso advirtió de que no hay democracia sin confianza, ni confianza sin hechos verificados que construyan una realidad compartida.

Reivindicó el compromiso cívico del periodismo frente a las injerencias de “gobiernos autoritarios e industrias perversas”, pero también frente a las mentiras y estrategias de polarización de gobiernos democráticos. Alertó de que las mentiras viajan hoy más rápido que los hechos y de que, a mayor velocidad, se propagan el miedo, la ira y los conflictos. Frente a ese escenario, defendió la información como contrapoder, moderación, estabilidad, claridad y esperanza, y recordó que ningún algoritmo ni influencer arriesga su libertad o su vida en un campo de batalla para contar la verdad: los periodistas sí lo hacen.

Manso evocó además la memoria de José Luis López de Lacalle, Julio Anguita Parrado y Julio Fuentes, en cuyo honor nacieron estos premios, y dedicó el acto a compañeros fallecidos recientemente, subrayando que estos galardones reconocen la audacia y la asunción del riesgo como valores intrínsecos del mejor periodismo. Fue entonces cuando dejó una de las frases que vertebraron toda la ceremonia: “La credibilidad se construye el día que decides no retroceder”.

Contra el silencio y la impunidad: la respuesta colectiva de Laurent Richard

Ese hilo moral encontró continuidad natural en la figura de Laurent Richard, fundador de Forbidden Stories, el consorcio internacional que protege, completa y publica investigaciones que otros quisieron silenciar mediante amenazas, cárcel o asesinato. Richard explicó que en su organización existe una safe box, una caja fuerte digital donde más de 230 periodistas depositan a diario sus investigaciones como si fueran lingotes de oro, con un mensaje claro a los enemigos de la verdad: “Matar al periodista no matará la historia”.

Al recoger el premio, recordó a las víctimas del atentado contra Charlie Hebdo —ocurrido justo once años y un día antes— y a periodistas como Jamal Khashoggi, Daphne Caruana Galizia, Viktoria Roshchyna o Hamza al Dahdou. Denunció que en los últimos dos años más de 200 periodistas han sido asesinados en Gaza y que más de 800 han muerto en todo el mundo en la última década, con un 90% de los crímenes en la más absoluta impunidad. “Estamos asistiendo a la normalización del asesinato de periodistas”, advirtió con crudeza.

Richard explicó que hoy el periodismo está siendo atacado en dos frentes: en el mundo físico, con balas y bombas; y en el mundo digital, donde los hechos son ahogados por un torrente de mentiras. “La desinformación no es casualidad, es una industria”, afirmó, defendiendo que solo una respuesta colectiva y transnacional puede hacerle frente. De las filas de Forbidden Stories han salido investigaciones como The Pegasus Project, The Daphne Project o Story Killers, que han destapado redes de espionaje, corrupción y manipulación a escala global.

Su mensaje fue tan sencillo como rotundo: “Si un periodista cae, 50 se levantarán”. Y concluyó con una afirmación que resonó en toda la sala: “No somos enemigos del pueblo. Trabajamos para el pueblo. Porque sin periodistas no hay información, y sin información no hay democracia”.

El periodismo como ancla y claridad frente al ruido, según Emma Tucker

La tercera voz que completó este tríptico cívico fue la de Emma Tucker, directora de The Wall Street Journal, reconocida por su liderazgo independiente en un contexto de fuertes presiones políticas y judiciales en los Estados Unidos de Donald Trump. Tucker, que dedicó el premio a su redacción de Nueva York —“agotada, pero entusiasmada”—, recordó que nunca ha habido un momento de mayor trascendencia para ser periodista.

Con una trayectoria que la llevó del Financial Times a dirigir The Sunday Times y, más tarde, a convertirse en la primera mujer al frente de The Wall Street Journal, Tucker ha defendido investigaciones sensibles incluso ante amenazas y litigios de alto voltaje, como la demanda presentada por Donald Trump por las informaciones que le vinculaban con el caso Epstein. En Madrid, agradeció el reconocimiento en un castellano “oxidado”, y felicitó a Laurent Richard por un trabajo que definió como “un escudo vital para nuestra profesión”.

Tucker radiografió un mundo en el que el orden internacional basado en reglas se está resquebrajando, la desinformación crece y la confianza en los medios disminuye, creando una “tormenta perfecta”. En ese contexto, lanzó una frase que se convirtió en lema de la jornada: “El mundo no necesita más ruido; necesita más claridad”. Reivindicó más fuentes confiables, más hechos verificados y más análisis valiente. “El periodismo ya no es solo el primer borrador de la historia”, dijo. “Hoy es el ancla cuando el suelo se mueve bajo los pies de nuestros lectores”.

Aceptó el premio no como una meta, sino como un mandato, y se comprometió a seguir informando sin miedo ni favoritismos, recordando que, aunque las reglas del viejo mundo cambien, el valor fundamental de la verdad es absoluto.

A lo largo de la ceremonia, se fue tejiendo así un mismo relato desde distintas miradas: la del director que alerta del desorden informativo y defiende la rebeldía de la razón; la del periodista que ha convertido la cooperación internacional en un arma contra la impunidad; y la de la editora que demuestra que la independencia se ejerce, incluso, cuando el poder aprieta. Tres voces, un mismo compromiso: proteger la verdad para proteger la democracia.

En tiempos de polarización, cinismo y tentaciones autoritarias, EL MUNDO convirtió sus Premios Internacionales en una afirmación rotunda de identidad y de misión. No como gesto retórico, sino como toma de posición. Porque, como se repitió de distintas formas a lo largo del acto, el periodismo no es solo contar lo que pasa: es impedir que el miedo imponga el silencio y que el poder compre o distorsione la realidad. Es, de nuevo, la hora del despertar de la conciencia.

Desde la Asociación de Medios de Información (AMI) trasladamos nuestra más sincera felicitación a EL MUNDO, asociado de nuestra organización, por la brillante organización de sus Premios Internacionales de Periodismo y por su firme y coherente defensa de la libertad, la verdad y la calidad informativa. Nuestra enhorabuena a Laurent Richard por su ejemplar compromiso con la libertad de prensa y a Emma Tucker por un liderazgo periodístico independiente, valiente y esclarecedor. Reconocimientos como estos dignifican la profesión y fortalecen la democracia.

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