Cincuenta años de EL PAÍS: del Matadero de Madrid al Museu Marítim de Barcelona
El diario decano de la democracia española cierra una semana de aniversario con un programa cultural en Matadero Madrid, la entrega de los Premios Ortega y Gasset y un encuentro de autoridades, mundo de la cultura, la ciencia, y el sector editorial en torno a la cabecera de PRISA.
EL PAÍS ha celebrado su medio siglo a lo grande, con varios escenarios y una misma idea de fondo: que el periodismo es un servicio público. Las celebraciones arrancaron el viernes 1 de mayo en el Matadero de Madrid con un festival cultural de tres jornadas dedicado al periodismo, las ideas y la conversación, y culminaron ayer con la entrega de los Premios Ortega y Gasset 2026 en el Ayuntamiento de Barcelona y un posterior gran evento conmemorativo en el Museu Marítim de Barcelona.
El programa de Matadero, articulado en torno al periodismo como hecho cultural, reunió a unas 150 voces del oficio, la literatura y las artes en más de 70 actos repartidos por los distintos espacios del recinto. Los lectores pudieron asistir a una reunión editorial en directo, recorrer la exposición Momentos —una selección de 50 fotografías de gran formato elegidas por la fotoperiodista y comisaria de la exposición, Marisa Flórez, que repasan acontecimientos clave del último medio siglo— y participar en talleres, sesiones de cine y mesas sobre democracia, pensamiento y tecnología. Uno de los momentos más destacados fue la recreación de las tertulias del Café Gijón, en la que intervinieron Manuel Vicent, Joan Manuel Serrat y otros compañeros de viaje del periódico. Una manera elegante de recordar que la cabecera ha sido, durante cinco décadas, también un punto de encuentro intelectual.
El acto institucional llegó al Ayuntamiento de Barcelona, los galardones que el diario convoca desde 1984 y que en esta edición especial reconocieron a tres referentes morales del oficio: el periodista nicaragüense Sergio Ramírez, el estadounidense Martin Baron —ex director del Washington Post, The Boston Globe y The Miami Herald— y la escritora bielorrusa y Premio Nobel de Literatura Svetlana Alexiévich, distinguida por su excelencia en la historia oral aplicada al periodismo. El jurado, presidido por el presidente de PRISA, Joseph Oughourlian, y la vicepresidenta y consejera delegada de PRISA Media, Pilar Gil, junto al director de EL PAÍS, Jan Martínez Ahrens, subrayó que los tres premiados se han hecho grandes en el periodismo y en la literatura frente a poderes hostiles a la verdad.
Ya en la celebración del Museu Marítim de Barcelona, el propio Joseph Oughourlian intervino en la gala para reivindicar el lugar de la cabecera en la vida pública española. El presidente de PRISA insistió en la defensa inquebrantable de la verdad como seña de identidad del periódico y, dirigiéndose a un auditorio que reunía a representantes de distintas sensibilidades, lanzó una idea que sintetiza su lectura del aniversario: «el éxito de este país es el éxito de El País».
El discurso de clausura corrió a cargo de Felipe VI, que reivindicó con claridad el papel de la prensa en la vida democrática: «El periodismo es crucial para las libertades y la democracia». El Rey reconoció la contribución de los informadores a la construcción de la España democrática y a la defensa de sus instituciones, y se permitió un recuerdo personal de aquel niño de ocho años que, en mayo de 1976, oyó hablar en casa de la llegada de un nuevo periódico.
Aquel periódico que escuchaba nombrar el entonces infante Felipe merece, sin caer en la nostalgia, un recordatorio de lo que representó. EL PAÍS nació en plena Transición de la mano de un equipo sorprendentemente joven —Juan Luis Cebrián dirigía la redacción a los 32 años, bajo la presidencia de José Ortega Spottorno y con el impulso decisivo de Jesús de Polanco— y se convirtió muy pronto en compañero de viaje de la democracia española que se estrenaba. Sufrió un atentado en su sede en octubre de 1978, publicó siete ediciones especiales durante el 23-F en defensa de la Constitución, y a lo largo de los años dotó a la prensa española de herramientas hoy comunes en el oficio: un Libro de Estilo de referencia, un Estatuto de la Redacción, un Comité de Redacción como órgano de representación profesional interno y, ya en 1985, la primera figura de Defensor del Lector que conoció el periodismo español. Es un legado del que se beneficia, de un modo u otro, todo el sector representado en AMI.
La cita reunió, precisamente, a algunos de los principales grupos editoriales: Ignacio Ybarra (Vocento), Carlos Godó (Grupo Godó), Íñigo de Yarza (Henneo), junto con Esther Vera (Diari Ara) e Irene Lanzaco (AMI), entre otros.
También hay que reconocer el trabajo del equipo de PRISA, que ha sacado adelante durante meses una celebración compleja y lo ha hecho con oficio y buen resultado. Y aun así, el foco ha estado donde tenía que estar: en recordar algo básico, que el periodismo, cuando se hace bien, sigue importando.
Desde AMI saludamos los cincuenta años del diario y del proyecto editorial al que pertenece, y nos sumamos a la idea que recorrió desde Matadero hasta el Museu Marítim: que sin periodismo libre, plural y sostenible no hay democracia.