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Google ha comenzado a probar un sistema para retribuir a los editores cuyo contenido contribuye de forma significativa a las respuestas de sus productos de inteligencia artificial: AI Overviews, AI Mode y la aplicación Gemini.

El programa, denominado AI Contribution Pilot y gestionado a través de Search Console, es un piloto “de aprendizaje en fase inicial”, según confirmó la compañía. Lo desveló el 14 de septiembre la publicación especializada Digiday. En junio, Google ya había anunciado que exploraba nuevas fórmulas de colaboración con los sitios cuyo contenido mejora la precisión de sus respuestas generativas.

La mayor plataforma de búsqueda del mundo reconoce así, con hechos, que el contenido periodístico aporta valor a las respuestas que genera su inteligencia artificial y que ese valor debe retribuirse. Es el principio que los editores defienden desde hace años y que el ordenamiento europeo consagró en 2019, cuando la Directiva sobre derechos de autor en el mercado único digital reconoció a los editores de prensa el derecho a autorizar el uso en línea de sus publicaciones y a ser remunerados por él. España lo incorporó a su legislación de propiedad intelectual en 2021.

Según la información publicada, sin embargo, en el piloto es la propia compañía la que determina cuándo una contribución es significativa y cuánto vale. Los participantes reciben una cifra mensual sin conocer cómo influye cada pieza en el importe final, hasta el punto de que un directivo consultado por Digiday lo describió como una “caja negra”. El contenido que solo aparece citado o enlazado después de generarse la respuesta no computa. Y la participación exige aceptar unas condiciones definidas por la plataforma.

Estos elementos importan porque la remuneración por el uso de contenidos es un derecho reconocido por la ley. Un sistema en el que una sola parte fija los criterios, mide la contribución y establece el precio difícilmente puede considerarse una negociación. Además, los acuerdos individuales y opacos fragmentan el mercado y debilitan la posición de los editores, en especial la de las cabeceras de menor tamaño, que son precisamente las que, según las mismas informaciones, se muestran más receptivas al programa.

Las instituciones europeas han marcado ya la dirección. El Parlamento Europeo aprobó el pasado 10 de marzo una resolución sobre derechos de autor e inteligencia artificial generativa que reclama una remuneración justa para los titulares de derechos, transparencia sobre los contenidos que utilizan los sistemas de IA y control efectivo de los editores de prensa sobre el uso de sus publicaciones. La Comisión Europea, por su parte, ha abierto la reflexión sobre la actualización del marco de derechos de autor ante el avance de esta tecnología.

El reto ahora es trasladar esos principios a la práctica. La retribución del periodismo en la era de la inteligencia artificial debe apoyarse en criterios objetivos y verificables, en información suficiente para que cada editor pueda comprobar el uso real de su contenido y en marcos de negociación equilibrados que no dependan de la voluntad de una sola compañía.

Desde la AMI se valora que el debate haya pasado de si el contenido periodístico debe retribuirse a cómo hacerlo. Pero la respuesta no puede quedar en manos de quien lo utiliza. La información de calidad tiene un coste, lo sostienen miles de profesionales y constituye un pilar de la vida democrática. Garantizar que su valor se reconozca con transparencia y en condiciones justas es una condición para que siga existiendo.

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